martes, 10 de abril de 2012

Escuela de Belleza de Kabul



Tras la caída del régimen talibán, Deborah Rodriguez, peluquera y madre de dos hijos, viajó a Afganistán como parte de un grupo de ayuda humanitaria. Una vez allí, no sabía muy bien lo que ella podría ofrecer a este país destrozado por la guerra. Pero pronto descubrió que su profesión, más que un obstáculo, era una bendición, y en cuanto se corrió la voz de que una peluquera había llegado a Kabul, todos, occidentales y afganos, querían pedir cita para un buen corte de pelo.

Y así nació la idea… Con la ayuda de empresas y patrocinadores internacionales, la Escuela de Belleza de Kabul, con Rodriguez al mando, impartió su primera clase en 2003. Un lugar este en el que superar las barreras culturales y los retos que ofrecía un país en posguerra. Un lugar que se convirtió en refugio para unas mujeres que no sólo aprendieron a peinar y a maquillar, sino también a abrir su corazón y a compartir sus increíbles y, a veces, enternecedoras historias. Fue así como esta peluquera norteamericana encontró fuerzas para romper con un matrimonio enfermizo y encontrar un nuevo amor, esta vez al estilo afgano.

Con cariño y humor, Deborah Rodriguez detalla la exuberancia de una región aparentemente desolada y revela la magnificencia que hay detrás del burka en esta conmovedora historia real. Escuela de Belleza de Kabul es un admirable relato sobre una extraordinaria comunidad de mujeres que se unieron para aprender el arte de las permanentes, de la amistad y de la supervivencia.


 Su libro ha sido prohibido en Afganistan, ella tuvo que abandonar el país tras la publicación de este libro. Ya en su país natal, Deborah se concentró en promocionar su libro, que estuvo en la lista de los más vendidos de The New York Times y que tiene opciones de convertirse en una película de Hollywood donde Sandra Bullock tendría el papel protagónico. Todo marchaba bien, pero entonces llegó la controversia. Algunas de las afganas que se prepararon como peluqueras han revelado que tienen miedo y que incluso están convencidas de que pueden matarlas. Por otro lado, seis mujeres estadounidenses que cofundaron la escuela indicaron a The New York Times que las historias no son precisas y que Deborah exageró su rol hasta convertirse en “en la Madre Teresa de Calcuta”. Rodríguez se defiende: “En el libro está dicho que cambié nombres y lugares para proteger a las mujeres. Todo lo demás es totalmente cierto”.

De cualquier manera, Deborah Rodríguez no ha cedido a la polémica y sigue trabajando por las mujeres en Afganistán. Ahora, desde Estados Unidos, prepara unos kits especiales que contienen todos los objetos necesarios para que cualquier mujer empiece su centro de belleza sin recurrir a tijeras oxidadas y espejos rotos. Porque ella sabe en el fondo que “nadie podrá detener, en ningún lugar del mundo, a una mujer que quiere arreglarse su pelo. Eso simplemente no va a pasar”.

5 comentarios:

Dorothy dijo...

La historia, aumentada exagerada o lo que sea, es fabulosa. Supongo que es inevitable, cuando te pones a escribir algo así, cambiarlo un poquito, sobre todo si no es un diario y sí un libro con intención de venderse. Sea como sea, ha despertado mi curiosidad.

Un besazo

Towanda dijo...

A mí también me has despertado la curiosidad con tu historia real o imaginada.
Un beso.

bichoraro dijo...

si la verdad es que es curioso siempre pensamos que los voluntarios hacen otro tipo de trabajos, medicos sin fronteras, etc... pero la verdad esta mujer hizo mucho por unas mujeres que viven en una sociedad que las trata peor que a los animales.
Un saludo a las dos.

Elysa dijo...

Lo leyó primero mi hija y me lo recomendó y la verdad con errores o sin ellos creo que da una visión más de como sin grandes alardes se puede ayudar a intentar mejorar. en este caso aprendiendo peluquería.

Besitos

bichoraro dijo...

si es cierto Ely a veces creemos que no podemos ayudar a los demas porque nosotros no sabemos hacer grandes cosas, y a veces la ayuda mas efectiva es la mas simple.

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